20 curiosidades de Roald Dahl, autor de «Matilda»
Si creciste en los 80, 90 o en los dosmil, Roald Dahl fue parte de tu vida aunque no seas consciente de ello, pues varias de sus novelas se transformaron en películas de culto, como Los Gremlins, Las Brujas, Matilda, James y el melocotón gigante, Charlie y la fábrica de chocolates y El Superzorro.
¿Eres africana, Amanda? (Apuesto a que sabes de dónde viene ese diálogo. Sí, de Matilda. Y apuesto a que lo has usado en una conversación). Pues eso no sería posible sin este autor que creó toda una decena de historias que le dieron una buena paliza al adultocentrismo del siglo pasado a través de la caricaturización de los adultos y niños con actitudes heroicas o incluso antiheroicas.
Dicho esto, recién que fue el Día de Roald Dahl —13 de septiembre—, me parece justo que conozcas algunas curiosidades sobre él: un poco de su infancia, su crianza, su bagaje y otros datos muy a lo chisme literario. Así que, aquí vamos...
1. Los padres de Roald Dahl eran noruegos. De hecho, su padre creció en una ciudad de Oslo llamada Sarpsborg.
Sarpsborg, Noruega
2. El papá de Roald era dueño de una naviera junto a su mejor amigo. El negocio muy exitoso para la época, tal como lo compartió Roald en su memoria Boy, relatos de la infancia.
A partir de ese instante nos encontramos con una de esas historias de éxitos continuos que suenan a exagerados cuentos de hadas, pero en realidad fue el fruto de la ardua y concienzuda actividad de aquellos dos amigos.
3. Roald tenía dos medios hermanos por parte del primer matrimonio de su padre, cuya esposa murió. Del lado de su madre tenía tres hermanas.
4. El padre de Roald murió cuando él era niño, y como él siempre quiso que estudiara en escuelas londinenses, su madre lo llevó a una escuela en Gran Bretaña.
5. Cuando tenía ocho años, Roald y sus amigos solían visitar una dulcería en la que la propietaria los atendía de mala gana y con poca higiene; metía las manos sucias a los frascos y con ellas les daba los dulces. Para vengarse, Roald y sus amigos le colocaron un ratón muerto en uno de los tarros sin que ella se diera cuenta. Días después, la dulcería cerró.
Posiblemente, la señora Pratchett, que era el nombre de esta agria mujer, fue la inspiración para la cocinera del pastel en Matilda.
6. Pero la historia de la dulcería no terminó ahí. La señora Pratchett intuyó que fueron ellos quienes le hicieron la broma, así que fue a acusarlos con el director de la escuela. Él los golpeó tan fuerte con un bastón que les quedaron en la piel varios moretones y golpes en carne viva. Por ese motivo, la madre de Roald lo sacó de aquel instituto... no sin antes alegarle al director.
Durante toda mi vida escolar me aterró el hecho de que a maestros y alumnos mayores se les permitiera herir literalmente a otros niños, y a veces herirlos de gravedad. No podía asimilarlo. Jamás he podido.
7. Un día, su hermana chocó el automóvil con toda la familia adentro. Roald salió aventado hacia el parabrisas y el vidrio le rebanó la nariz; se la cosieron nuevamente, y esa es la razón por la cual le quedó un poco torcida.
8. En una ocasión en su nueva escuela en Londres, Roald le pidió prestada una pluma a su compañero. El profesor los vio y creyó que estaba copiando, por lo que lo llevó con el director. Roald insistió en su inocencia, y entonces el director le dio una prórroga sobre por qué los adultos no mentían, que siempre tenían la razón y que nadie debía creerle a los niños. Seguido a eso, lo golpéo con un bastón.
Si se te hace familiar esa escena, es lo que le ocurre a Matilda en Matilda, cuando su padre le dice que por ser pequeña está equivocada. (Roald no desperdiciaba sus experiencias).
Después de aquel suceso, uno de sus amigos le escribió a su propio padre para que defendiera a Roald, pero no hizo nada. No obstante, eso le enseñó a él que entre los niños siempre se apoyan.
Y dicho y hecho, el pequeño Highton se sentó y escribió al padre que tanto admiraba, pero, naturalmente, sin resultado alguno. Fue, no obstante, un gesto conmovedor y generoso que tuvo un niño hacia otro, y jamás he podido olvidarlo.
9. En su último colegio, durante la adolescencia y por primera vez en su vida, logró evitar que lo sancionaran con bastonazos, lo que agradeció mucho, pues el director de ese entonces golpeaba a los niños con una ira que Roald consideraba exagerada. (Irónicamente, ese director se convirtió en el arzobispo de Canterbury que coronó a la Reina Isabel II).
Foto de Historial National Geographic
10. Cuando era adolescente, la empresa de dulces Cadbury llevó cajas con chocolates a su escuela para que los alumnos los puntuaran. En ese momento, Roald se imaginó inventando montones de dulces para ellos y escribió la idea sobre una fábrica que creaba caramelos curiosos.
Eran deliciosos aquellos sueños, y no me cabe la menor duda de que, 35 años después, buscando yo argumento para mi segundo libro destinado a los niños (Charlie y la fábrica de chocolate, por supuesto), recordé aquellas cajitas de cartón y las chocolatinas recién inventadas que contenían.
11. Cuando cumplió 18 años, en vez de asistir a Oxford, buscó un empleo que le permitiera conocer otros países, ya que en ese momento eso era difícil de conseguir. Al final lo contraró la Shell Company (sí, la de la gasolina).
Roald Dahl en su juventud
12. En sus viajes como vendedor de petróleo, vivió en África por tres años, donde aprendió suajili y a cuidar de sí mismo, pues era un joven extremadamente suburbano.
13. En su mesa de trabajo, Roald tenía una bola hecha de envoltorios de chocolate, un pequeño modelo de un avión de guerra Hurricane, su cadera extirpada, una botella de vidrio con cartílagos obtenidos de una cirugía en su espina, una foto de su nieta Sophie, un meteorito del tamaño de una bola de golf, una caja musical solar, un cuchillo hecho de plata y caparazón de tortuga que pertenecía a su padre, una escultura de madera de un saltamontes verde y la piña de un cedro. (Sí, yo también me quedé algo anonadado).
Escritorio de Roald Dahl (foto de The Literary Tourist)
14. Roald Dahl tenía 26 años cuando comenzó a escribir. Curiosamente, nunca lo había hecho antes porque siempre se le dio mal el inglés: confundía palabras, las usaba de forma errónea y su ortografía no era la mejor. Fue solo gracias al autor C. S. Forester, quien lo animó por su poder para crear historias, que Roald se lanzó a empezar su camino literario.
Foto de Biography
15. Se hizo gran amigo de quien ilustró todos sus libros: Quentin Blake. Cuando Roald le entregaba los manuscritos para que creara los dibujos le decía: «tendrás diversión con esto» o «tendrás problemas con esto».
16. Si no hubiera sido escritor, Roald habría sido golfista, al boxeador, inventor, médico, botánico o artista, pues tenía interés y habilidad para estas profesiones.
17. Roald Dahl le dedicó la novela El Gran Gigante Bonachón a su nieta Sophie, quien es una modelo y escritora inglesa reconocida que tuvo su propio programa de cocina (justo lo vi cuando era niño). El programa se llamaba Delicious Miss Dahl recipes, y en cada uno cocinaba dependiendo de una emoción, como la añoranza o la tristeza.
Sophie Dahl (foto tomada de BBC)
18. El aroma favorito de Roald era el del tocino friéndose.
19. Escribía sus novelas a mano con lápices marca Ticonderoga.
Todo de Ticonderoga
20. Esta es una curiosidad no oficial. Pero, considerando su interés y aptitud en tantas áreas, su hiperactividad, su incapacidad para concentrarse, su propensión a anotar ideas mientras estudiaba, sus retos para trabajar bien en el sistema educativo, así como su deseo de exploración, me indican que muy probablemente Roald Dahl tenía trastorno por déficit de atención con hiperactividad. (Y es que esa neurodivergencia podría explicar su ingenio).
Roald Dahl en su adolescencia (foto de Daily Mail)
Y hay muchas más curiosidades y datos de su vida que puedes conocer en Boy, relatos de la infancia y Volando solo (ambas autobiografía de Roald), pero también en The Missing Golden Ticket and other splendiferous secrets, un libro con curiosidades sobre su vida y la creación detrás de Charlie y la fábrica de chocolate, del que también redacté un artículo que puedes leer aquí.
Así que, la próxima vez que uses el diálogo de una de las películas basadas en sus novelas, que compartas un meme, que leas alguno de sus libros o que recuerdes lo precioso que es ser cómplice de los niños y alejarse del estereotipo de adulto malvado (típico de Dahl), piensa en Roald como un héroe, ya que su imaginación y legado transformó la literatura infantil para que los niños pudieran salirse con la suya.
Gracias por tanto, Roald Dahl (mi primer autor favorito, por cierto).