‘Trenzazul y el terrible Oncededos’: Un tesoro (pirata) de Pedro Mañas

Entre tantos libros de Anna Kadabra, Moztruos y Princesas Dragón —que se agradecen, por cierto—, series literarias de Pedro Mañas, sus libros autoconclusivos suelen quedar en el olvido como ese condimento que le añades al pollo cuando los demás se te acaban. Al menos eso es lo que sentí cuando encontré Trenzazul y el terrible Oncededos en la aplicación Everand, que resultó ser un tesoro tan valioso como los de su protagonista. Fue una historia que me dejó con ganas de más, y aquí te cuento por qué. 

El despertar de una leyenda

Trenzazul es una pirata que navega los mares, respetada y temida por quien se le cruce enfrente. Lo que nadie pensaría es que alguna vez fue una niña llamada Angélica… Esta es su historia.

Angélica es una huérfana que trabaja en una pensión de mala muerte bajo la tutela de Madame Pimpamfois, la dueña. Le toca hacer el aseo y cocinar, a veces recibir golpes, pero eso es más tolerable para ella que vivir en el orfanato del que la sacó. 

Angélica cree que su vida será así para siempre, hasta que, un día, un comerciante curioso llega a hospedarse a la pensión. El visitante parece tener muchas de las características del malvado pirata Oncededos. Hum. Sospechoso.

Es momento de que Angélica averigüe si se trata de él y, si en caso es así, descubrir qué pretende hacer. No se quedará con la incógnita, mucho menos cuando corrobore que un peligro se avecina para sus antiguos compañeros del orfanato. ¡Debe salvarlos!

Ligera y trepidante

Es una novela de ritmo rápido y capítulos cortos en los que la prosa aguda de Pedro Mañas se mezcla con el humor y la dulzura que se han transformado en sus sellos como autor. Además, usa imágenes que hacen referencia a la vida marítima, lo que intensifica la experiencia lectora.


«—Vaya birria de timbre —gruñó el hombre, y su voz sonó más ronca que el mar durante una tempestad—. ¿Tienen habitaciones libres en esta pocilga?

Lo dijo entrando con dificultad en la penumbra del vestíbulo. Parecía un buque tratando de atracar en un puerto muy estrecho».


Además, destaco que el libro no tiene una moraleja, a pesar de que muestra las bondades de la astucia y el cariño por los amigos. Y eso se agradece, pues ayuda a romper la creencia de que la literatura infantil debe ser instrumental o moralista. En todo caso, cumple con el principal propósito de los libros para niños: divertir, algo que hace con elegancia debido a la transformación de Angélica en pirata.

Dicho esto, me sorprende que no haya otras historias de Trenzazul, ya que es un personaje ingenioso, muy al estilo de su ‘prima literaria’, Anna Kadabra. No sé si es porque Pedro decidió no escribir más sobre ella o la editorial Anaya no apostó por aventuras pirata (lo que me duele, porque tiene potencial).

Otro detalle curioso es que, a diferencia de los otros libros de Mañas, este comienza con un prólogo en el que el autor les dice que se encontrarán con piratas buenos, niños como ellos, los lectores. (El efecto que causa es mucha cercanía).

Por lo tanto, Trenzazul y el terrible Oncededos es un primeras novelas que puede encantar a los más pequeños, tanto por su trama amigable de seguir —inicio, nudo y desenlace—, como por la astucia de Angélica y las ilustraciones de David Sierra Listón, quien con un don para mezclar paletas de colores a crayón, nos sumerge en un universo marítimo donde casi puede olerse el pescado y la sal del mar.

Anímate a conocer el surgimiento de esta leyenda, Trenzazul.

Recomendadísima.

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