‘Una zarigüeya en mi mochila’: Un ejemplo de amistad
No había tenido una sensación tan acogedora al leer un libro infantil sobre mascotas desde que leí Mascotas inventadas, de Ana María Shua, allá por el 2011. Pero entonces apareció Una zarigüeya en mi mochila, de Erika Zepeda y Juan Gedovius. Aquí te cuento por qué me parece un libro cómico, dulce y que representa los retos y aciertos de la amistad.
Un visitante inesperado
Un niño (o niña) del que no sabemos nada más que la experiencia que está a punto de contarnos, nos comparte cómo es que, un día, encontró una zarigüeya en su mochila.
Al principio, no sabía qué hacer con ella, así que decidió adoptarla en cuanto el animalito hizo de aquel objeto escolar su hogar. Pero no todo fue sencillo, pues al principio se llevaban mal, hasta que su relación evolucionó a través de la aceptación, el perdón, la validación y muchas otras acciones que convirtieron en una experiencia hermosa el que una zarigüeya viviera en su mochila.
Honestamente, no creí que el libro fuera a cautivarme tanto, pero presenta de manera amena cómo es que puede forjarse una amistad entre dos seres que, en un principio, tienen sus diferencias.
De hecho, vale la pena mencionar las actitudes asertivas del personaje que narra, pues refuerzan el mensaje de la historia.
No desprecia a la zarigüeya por su aspecto o costumbres.
Reconoce que al inicio se llevaban mal porque él olvidaba alimentarla y ella se comía su tarea. (En una amistad, ambas partes son responsables).
Le permite a la zarigüeya ser ella misma e incluso acepta a sus otras amistades (incluido un castor).
En un momento, la zarigüeya se va a vivir a otra mochila, pero el niño no lo toma como un desprecio a él. Al contrario, conoce tanto a su amiga que está seguro de que regresará, y no piensa rechazarla cuando eso pase.
Sí, quizá espoileé la historia con los puntos de arriba, pero me parecen necesarios a saber si queremos corroborar que es una historia cómica, curiosa y con un tono dulzón que aborda las relaciones en la amistad.
Además, las ilustraciones hechas a crayón y sin fondo le dan un toque fresco a la narrativa, al punto que el lector puede imaginarse lo que no está plasmado, como algunas situaciones específicas en escenarios divertidos.
Por lo tanto, recomiendo Una zarigüeya en mi mochila para niños de entre seis a nueve años, y para niños caducados (como dijo Dr. Seuss).
¿Y tú ya leíste esta historia?