«Todas las hadas del reino»: Una ‘telenovela’ de fantasía

Todas las hadas del reino

Laura Gallego se ha coronado, no de manera oficial, como la reina iberoamericana de la fantasía. Y es que su cerebro y los procesos cognitivos que operan en él deberían de ser estudiados, pues solo ella es capaz de crear tantas historias de fantasía con sus propios mundos, sus sistemas de magia y personajes que no se parecen entre sí. Por eso es que no me sorprendió que una de sus novelas más emblemáticas de la última década, Todas las hadas del reino, me provocara diversas emociones, y aquí te cuento por qué.

Tantos deseos por cumplir y un desafío

Camelia ha sido hada madrina por trescientos años, un trabajo que disfruta a pesar de los desafíos, como la constante exigencia de sus ahijados y la preocupación que siente por ellos. Debido a eso no se echa para atrás cuando Orquidea, su amiga y quien también trabaja como hada madrina, le entrega la misión de ayudar a su ahijado Simón para que cumpla su anhelo: conquistar a la princesa Asteria, la futura heredera del reino más importante y poderoso de todos, aunque él solo sea un palafrenero.

Camelia acepta ayudarlo porque es un hada inteligente, perspicaz, con un corazón grande capaz de hacer lo imposible por que sus ahijados sean felices, pero ¿podrá conseguirlo?, ¿vale la pena exponer a Simón al peligro que requiere que un hombre tan común como él se haga digno de la mano de la princesa más valiosa de todas?

Todas las hadas del reino

Mi opinión

Tuve sentimientos encontrados. Sí, me gustó, aunque hubo ciertos aspectos que me dejaron un sabor amargo. Como toda novela, tiene sus aciertos y desaciertos.

La historia se construye sobre un mundo en el que priman las referencias a los cuentos de hadas: Piel de Asno, Hansel y Gretel, hasta Cenicienta y El Gato con botas, entre otros, y cada una de ellas tiene un propósito, algo que mueve la historia, que también sirve para cimentar el papel tan importante que tienen las hadas madrinas: su origen, sus anhelos, sus desazones y los propios cuestionamientos que surgen de estar a merced de los deseos de los humanos.

Todas las hadas del reino

La historia es entretenida y líneal, pocas veces baja el ritmo, lo que facilita la lectura. Parte de un conflicto central que a mitad del libro se cierra para dar pie a otro, lo que hace que la novela pueda sentirse larga y que pierde su rumbo. Sin embargo, si se ve como una telenovela mexicana de los años 90 o dosmil, en las que había un problema a resolver y al finalizar los 180 capítulos resultó que hubo varios, se hace amena.

Los personajes son dinámicos, poco redondos, pues casi no se profundiza en sus motivos o en su psiquis, lo que hace difícil empatizar con ellos. (No sé si Laura pretendió ponerlos a cumplir un papel solo porque sí debido a que es una novela que homenajea a los cuentos de hadas). De hecho, me fue más sencillo tenerles cariño a los personajes secundarios, como Ren o Gardenia.

La prosa, por otro lado, es delicada y fluida, lo que agiliza la lectura, ya que tiene un tono que recuerda a las historias a las que enaltece.

Y debo hacer especial énfasis en el vocabulario tan rico y extenso, pues aprendí 21 palabras nuevas, varias de ellas relacionadas con la vida del Médievo.

Todas las hadas del reino

El final, si bien me pareció decepcionante, se compensó con las referencias a los cuentos de hadas, los capítulos cortos que se leen en un dos por tres y el excelente worldbuilding —tuve tantas ganas de saber más de ese mundo encantado que ya compré la secuela—.

Así que para mí, Todas las hadas del reino fue un 3.75 de 5 estrellas.

Es una opción viable para los amantes de la fantasía pura, aquella que nació de los cuentos de hadas que nuestras madres nos leían a la hora de dormir y, especialmente, de la que salió de la boca de las personas que recolectaban los relatos de los pueblos.

Una novela disfrutable que representa muy bien quién es la autora y por qué deberíamos leerla al menos una vez en la vida.

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