«Nadie quiere jugar conmigo»: Sentimiento de rechazo
Como siempre he dicho, los libros infantiles pueden abordar cualquier tipo de tema si lo hacen con consciencia, delicadeza e incluso con humor, tal como ocurre con Nadie quiere jugar conmigo, de Gabriela Keselman con ilustraciones de Miguel Ordóñez, que presenta a un castorcito que se siente rechazado. Uf. Rechazo, ¿quién no lo ha vivido?
Una soledad muy grande
Pocosmimos es un castorcito invadido por la soledad. No tiene amigos y eso lo afecta mucho, al punto que se la pasa llorando por sentir que nadie quiere jugar con él. ¿Qué tiene de malo?
Un día, se propone a hacer una fiesta para hacer amigos. Sin embargo, las cosas no resultan como él espera. ¿Será que es por su forma de ser o por su poca asertividad al idear cómo disfrutar junto a los demás animales del bosque?
Algo que nadie te dice
Uno de los puntos fuertes de este libro es el tema del rechazo. Curiosamente, los demás animales no rechazan a Pocosmimos, sino a las fiestas a las que él los convoca, pues él no toma en cuenta lo que a ellos les gusta, como el invitar a los gatos a una reunión donde deben mojarse para llegar o una reunión subterránea para las aves (quienes no la encuentran). Al final, Pocosmimos no es rechazado, aunque así se sienta; es tan solo su percepción errada.
A mí me pareció fascinante este enfoque, pues muchas veces nos alejamos de otros por sentirnos excluidos, cuando la realidad es que puede que estén rechazando algo ajeno a nuestra persona. O tal vez solo somos pocos asertivos y debemos mejorar ese aspecto.
Encantador
Es un libro cortísimo con una prosa muy fluida y un uso de palabras que siente dinámico, con una buena parte de diálogo, ideal para primeros lectores que tal vez temen que un libro les aburra.
Espóiler
Además, el final en el que Pocosmimos encuentra una fiesta donde todos los animales se sienten cómodos y lo invitan, refleja más el hecho de que nunca lo rechazaron. De hecho, él les agradaba.
Lo recomiendo porque…
Aunque no lo considero un libro didáctico ni instrumental, puede ser de apoyo para un niño que se siente solo o, incluso, un adulto que vive con un sentimiento de inadaptación.
Y las ilustraciones de Miguel Ordóñez, con una paleta de tonos neutros y dibujos creados con recortes de papel, le confieren un toque muy orgánico, tranquilo, con planos con los que se siente que puedes saltar dentro, muy a lo que hacía Steve en Las pistas de Blue. Nostálgico.
Así que Nadie quiere jugar conmigo, de Gabriela Keselman, es una historia sencilla, pero con un mensaje poderoso que todos necesitamos escuchar, especialmente si nos hemos sentido rechazados.
Precioso, ligero.